Eres Primavera.

Aún recuerdo cuando te conocí, sonriente, alegre, segura. Te noté las ganas de comerte el mundo desde el primer gesto, y ahí supe que yo quería comérmelo a bocados pequeños contigo, saboreándolo, disfrutándolo.

Esa es la influencia que tienes desde el minuto uno sobre mi, porque haces que el camino a casa sea diferente cuando me acompaña tu olor a confianza, y por la noche no me hace falta la luz de ninguna farola, porque ya me alumbra la cara el brillo de tu mirada que desprende luz de primavera.

Primavera de pájaros cantando, calles repletas de gente pasando y, mientras tanto, yo me voy enamorando.

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Al final del camino.

Te presentaste hablando de tus lunares, y de todas las constelaciones que se podían dibujar con ellos, pero en realidad son pequeños volcanes en erupción, esperando que alguien llegue y los apague cada noche.

Me contaste historias que me hacían reír más allá de la risa, te sabes de sobra mis mentiras, e hiciste que dejara de besar bocas que no me decían nada, para escuchar la palabra “amor” cada vez que besaba la tuya.

Cuidaste de mis heridas hasta curarlas, y fuiste, y serás, el Yin del Yang de mi locura. Eras tú quien me miraba incluso cuando iba con la mirada perdida.

Contigo aprendí a ir de las palabras a los hechos, y de los hechos a los orgasmos. Del llanto a la carcajada, sin encontrar excusa para perderme por el camino, porque al final, allí estabas tú, como siempre, enseñándome a vivir

Nuestro libro

Eres una pesadilla vestida de sueño.

A veces se me olvida, intento desnudarte de nuevo, y vuelvo a ver lo peor de ti.

¡Qué bonita estas con esa careta puesta! Incluso llego a creerme eso de que me quieres, que tontería. Demasiado tiempo perdido para mi gusto, demasiadas batallas perdidas, demasiadas palabras al viento.

Ni tú, ni yo nos merecíamos esto, somos como ese libro de final abierto que espera ansioso su segunda parte, un desenlace que aún no he sido capaz de leer, ni lo seré.

Culpable.

Me siento culpable de no necesitarte.

Así de simple e irónico a la vez.

Estoy en un punto en el que no sé si te echo de menos a ti, a mi cuando estaba contigo, o a la mentira que me hacías sentir. Estaba. Hacías. Pasado.

Después de tanto tiempo sin verte, no solo no necesito hacerlo, si no que no quiero. Me niego. Lo pienso, y me produce pereza, cansancio. Otra vez lo mismo. No quiero. Y me siento culpable.

Me acostumbré tanto a ser yo quien te buscaba, que no hacerlo me hace sentir rara, y me sulfura que vengas y me reclames.

Tengo rabia dentro de mi, todo el amor se está volviendo odio. A ti. A mi. No sé.

Y, ¿sabes qué?, me siento culpable.

Mil maneras de morir. // A thousand ways of die

Dicen que el fin justifíca los medios, y para nosotros, tus miedos justificaron nuestro fin. O tal vez, no.

Me pregunto cada día si de verdad ha llegado el fin de lo que teníamos, o simplemente seguimos sintiendo a escondidas, como si estuviese prohibido querernos, como si el mundo estuviese en contra de que te besara.

Y la respuesta cada día es la misma, porque sé, sabemos, que nuestro fin no ha llegado, que cuando te acaricio se te eriza la piel, y a mi corazón las mariposas le dan bocados; que cuando me tumbo a tu lado, gritamos con la mirada y no se me ocurre una forma más bonita de romper el silencio; que me sobra el mundo y lo que piensen, porque cuando estoy contigo entro en un mundo nuevo que es el que me hace feliz, y sé que al menos una vez al día sonries recordandome.

Sí, puede que no tengamos nombre, puede que llore, y puede que a veces me llenes de dolor, pero ¿sabes qué? de las mil maneras que existen de morir, yo elijo la de morir enamorada de tus labios.

 

 

They say that the end justifies the means, and for us, your fears justified our end. Or maybe, not.

I wonder every day if indeed the end has come from what we had, or simply we continue feeling furtively, as if it was prohibited to love us, as if the world was in opposition to the fact that it was kissing you.

And the answer every day is the same, because I know, because we know, that our end hasn’t come, that when I caress you bristles the skin, and to my heart the butterflies give him morsels; that when I lie down by your side, we shout with the look and I don’t know a nicer way of breaking the silence; that exceeds the world and what they think about us, because when I am with you I am in a new world that is the one that makes me happy, and I know that at least once a day you smile remembering me. Yes, it is possible that we don’t have name to describe us, maybe sometimes I cry because of yoy, and maybe sometimes you fill me with pain, but do you know what? Of thousand ways that exist of dying, I choose to die in love with your lips

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